Job 18: Análisis del Capítulo y Guía de Estudio
Comentario versículo por versículo y análisis teológico
El Lazo de Bildad y el Recuerdo de los Desterrados
Bildad el suhita vuelve al debate con una dura reprimenda, frustrado por la percepción que Job tiene de sus amigos como "bestias" o "fatuos". Pregunta a Job si la tierra debe ser abandonada o si las rocas deben ser movidas de su lugar solo para dar cabida a su caso especial. Bildad defiende la "inmutabilidad de la ley moral", argumentando que la luz del malvado siempre se apaga y que su llama deja de brillar. Para Bildad, el universo es una serie de "trampas y lazos" para los impíos; describe a un hombre que es atrapado por una "red" y cuyo camino está lleno de "terrores ocultos" que le sobresaltan a cada paso.
El peso del discurso de Bildad recae en el "borrado del legado del hombre malvado". Afirma que el recuerdo del impío perece de la tierra y que es impulsado de la "luz a las tinieblas", desterrado del mundo sin prole ni descendencia. Señala la "casa destrozada" y la "falta de herederos" como la prueba definitiva de que el hombre no conoce a Dios. Para Bildad, la pérdida de los hijos de Job no es una tragedia que deba ser llorada, sino una "sentencia divina" que ya ha sido ejecutada. Utiliza el "vacío" dejado por la familia de Job como un argumento teológico para demostrar su culpabilidad.
Este capítulo revela la "crueldad de una teología" que utiliza un "trauma pasado" para "predecir un desastre futuro". Bildad observa correctamente que el "mal" acaba provocando el "borrado", pero no y que la "tragedia" también puede golpear la "tienda del justo". Representa un espíritu religioso más interesado en "proteger las rocas" de su propia tradición que en "moverlas" para encontrar al hombre enterrado debajo. Al convertir el "legado" en la prueba de la "piedad", ignora la realidad de que el "recuerdo del Señor" es el único legado que no puede ser "apagado" por una tormenta o un lazo.
La "luz" que según Bildad se "apaga" en el malvado es la misma luz que vino al mundo y a la que las tinieblas no pudieron vencer (Juan 1:5). Mientras que Bildad amenazaba a Job con el "destierro eterno", el Evangelio promete que los que confían en Jesucristo nunca serán "impulsados a las tinieblas", aunque pierdan su "descendencia y su casa" en esta tierra. Este capítulo nos advierte de que podemos tener "razón técnica" sobre la justicia de Dios y estar al mismo tiempo "ciegos espiritualmente" a su misericordia. Se nos invita a ver que nuestra verdadera "morada" no está construida por manos humanas, sino que es un "lugar preparado para nosotros" por aquel que también fue "desterrado" fuera de la ciudad para traernos a casa (Hebreos 13:12-13). Nuestro "recuerdo" no está escrito en el polvo de Uz, sino en las palmas del Salvador (Isaías 49:16).





