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Juan 4 Comparación: Biblia Platense vs Reina Valera

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Juan 4

1Cuando el Señor supo que los fariseos estaban informados de que Jesús hacía más discípulos y bautizaba más que Juan —

2aunque Jesús mismo no bautizaba, sino sus discípulos—

3abandonó la Judea y se volvió a Galilea.

4Debía, pues, pasar por Samaria.

5Llegó a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la posesión que dio Jacob a su hijo José.

6Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, pues, fatigado del viaje, se sentó así junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta.

7Vino una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dijo: “Dame de beber”.

8Entretanto, sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar víveres.

9Entonces la samaritana le dijo: “¿Cómo Tú, judío, me pides de beber a mí que soy mujer samaritana?” Porque los judíos no tienen comunicación con los samaritanos.

10Jesús le respondió y dijo: “Si tú conocieras el don de Dios, y quien es el que te dice: «Dame de beber», quizá tú le hubieras pedido a Él, y Él te habría dado agua viva”.

11Ella le dijo: “Señor, Tú no tienes con qué sacar, y el pozo es hondo; ¿de dónde entonces tienes esa agua viva?

12Acaso eres Tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebió él mismo, y sus hijos y sus ganados?”

13Respondiole Jesús: “Todos los que beben de esta agua, tendrán de nuevo sed;

14mas quien beba el agua que Yo le daré, no tendrá sed nunca, sino que el agua que Yo le daré se hará en él fuente de agua surgente para vida eterna”.

15Díjole la mujer: “Señor, dame esa agua, para que no tenga más sed, ni tenga más que venir a sacar agua”.

16Él le dijo: “Ve a buscar a tu marido, y vuelve aquí”.

17Replicole la mujer y dijo: “No tengo marido”. Jesús le dijo: “Bien has dicho: «No tengo marido»;

18porque cinco maridos has tenido, y el hombre que ahora tienes, no es tu marido; has dicho la verdad”.

19Díjole la mujer: “Señor, veo que eres profeta.

20Nuestros padres adoraron sobre este monte; según vosotros, en Jerusalén está el lugar donde se debe adorar”.

21Jesús le respondió: “Mujer, créeme a Mí, porque viene la hora, en que ni sobre este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.

22Vosotros, adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.

23Pero la hora viene, y ya ha llegado, en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre desea que los que adoran sean tales.

24Dios es espíritu, y los que lo adoran, deben adorarlo en espíritu y en verdad”.

25Díjole la mujer: “Yo sé que el Mesías —es decir el Cristo— ha de venir. Cuando Él venga, nos instruirá en todo”.

26Jesús le dijo: “Yo lo soy. Yo que te hablo”.

27En este momento llegaron los discípulos, y quedaron admirados de que hablase con una mujer. Ninguno, sin embargo, le dijo: “¿Qué preguntas?” o “¿Qué hablas con ella?”

28Entonces la mujer, dejando su cántaro, se fue a la ciudad, y dijo a los hombres:

29“Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿no será este el Cristo?”

30Y salieron de la ciudad para ir a encontrarlo.

31Entretanto los discípulos le rogaron: “Rabí, come”.

32Pero Él les dijo: “Yo tengo un manjar para comer, que vosotros no conocéis”.

33Y los discípulos se decían entre ellos: “¿Alguien le habrá traído de comer?”

34Mas Jesús les dijo: “Mi alimento es hacer la voluntad de Aquel que me envió y dar cumplimiento a su obra.

35¿No decís vosotros: Todavía cuatro meses, y viene la siega? Y bien, Yo os digo: Levantad vuestros ojos, y mirad los campos, que ya están blancos para la siega.

36El que siega, recibe su recompensa y recoge la mies para la vida eterna, para que el que siembra se regocije al mismo tiempo que el que siega.

37Pues en esto se verifica el proverbio: «Uno es el que siembra, otro el que siega».

38Yo os he enviado a cosechar lo que vosotros no habéis labrado. Otros labraron, y vosotros habéis entrado en (posesión del fruto de) sus trabajos”.

39Muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por la palabra de la mujer que testificaba diciendo: “Él me ha dicho todo cuanto he hecho”.

40Cuando los samaritanos vinieron a Él, le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días.

41Y muchos más creyeron a causa de su palabra,

42y decían a la mujer: “Ya no creemos a causa de tus palabras; nosotros mismos lo hemos oído, y sabemos que Él es verdaderamente el Salvador del mundo”.

43Pasados aquellos dos días, partió para Galilea.

44Ahora bien, Jesús mismo atestiguó que ningún profeta es honrado en su patria.

45Cuando llegó a Galilea, fue recibido por los galileos, que habían visto todas las grandes cosas hechas por Él en Jerusalén durante la fiesta; porque ellos también habían ido a la fiesta.

46Fue, pues, otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había un cortesano cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm.

47Cuando él oyó que Jesús había vuelto de Judea a Galilea, se fue a encontrarlo, y le rogó que bajase para sanar a su hijo, porque estaba para morir.

48Jesús le dijo: “¡Si no veis signos y prodigios, no creeréis!”.

49Respondiole el cortesano: “Señor, baja antes que muera mi hijo”.

50Jesús le dijo: “Ve, tu hijo vive”. Creyó este hombre a la palabra que le dijo Jesús y se puso en marcha.

51Ya bajaba, cuando encontró a algunos de sus criados que le dijeron que su hijo vivía.

52Preguntoles, entonces, la hora en que se había puesto mejor. Y le respondieron: “Ayer, a la hora séptima, le dejó la fiebre”.

53Y el padre reconoció que esta misma era la hora en que Jesús le había dicho: “Tu hijo vive”. Y creyó él, y toda su casa.

54Este fue el segundo milagro que hizo Jesús vuelto de Judea a Galilea.

Juan 4

1DE manera que como Jesús entendió que los Fariseos habían oído que Jesús hacía y bautizaba más discípulos que Juan,

2(Aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),

3Dejó á Judea, y fuése otra vez á Galilea.

4Y era menester que pasase por Samaria.

5Vino, pues, á una ciudad de Samaria que se llamaba Sichâr, junto á la heredad que Jacob dió á José su hijo.

6Y estaba allí la fuente de Jacob. Pues Jesús, cansado del camino, así se sentó á la fuente. Era como la hora de sexta.

7Vino una mujer de Samaria á sacar agua: y Jesús le dice: Dame de beber.

8(Porque sus discípulos habían ido á la ciudad á comprar de comer.)

9Y la mujer Samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo Judío, me pides á mí de beber, que soy mujer Samaritana? porque los Judíos no se tratan con los Samaritanos.

10Respondió Jesús y díjole: Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber: tú pedirías de él, y él te daría agua viva.

11La mujer le dice: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo: ¿de dónde, pues, tienes el agua viva?

12¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dió este pozo, del cual él bebió, y sus hijos, y sus ganados?

13Respondió Jesús y díjole: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá á tener sed;

14Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

15La mujer le dice: Señor, dame esta agua, para que no tenga sed, ni venga acá á sacarla.

16Jesús le dice: Ve, llama á tu marido, y ven acá.

17Respondió la mujer, y dijo: No tengo marido. Dícele Jesús: Bien has dicho, No tengo marido;

18Porque cinco maridos has tenido: y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.

19Dícele la mujer: Señor, paréceme que tú eres profeta.

20Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalem es el lugar donde es necesario adorar.

21Dícele Jesús: Mujer, créeme, que la hora viene, cuando ni en este monte, ni en Jerusalem adoraréis al Padre.

22Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos: porque la salud viene de los Judíos.

23Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.

24Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

25Dícele la mujer: Sé que el Mesías ha de venir, el cual se dice el Cristo: cuando él viniere nos declarará todas las cosas.

26Dícele Jesús: Yo soy, que hablo contigo.

27Y en esto vinieron sus discípulos, y maravilláronse de que hablaba con mujer; mas ninguno dijo: ¿Qué preguntas? ó, ¿Qué hablas con ella?

28Entonces la mujer dejó su cántaro, y fué á la ciudad, y dijo á aquellos hombres:

29Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿si quizás es éste el Cristo?

30Entonces salieron de la ciudad, y vinieron á él.

31Entre tanto los discípulos le rogaban, diciendo: Rabbí, come.

32Y él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.

33Entonces los discípulos decían el uno al otro: ¿Si le habrá traído alguien de comer?

34Díceles Jesús: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.

35¿No decís vosotros: Aun hay cuatro meses hasta que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos, y mirad las regiones, porque ya están blancas para la siega.

36Y el que siega, recibe salario, y allega fruto para vida eterna; para que el que siembra también goce, y el que siega.

37Porque en esto es el dicho verdadero: Que uno es el que siembra, y otro es el que siega.

38Yo os he enviado á segar lo que vosotros no labrasteis: otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.

39Y muchos de los Samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio, diciendo: Que me dijo todo lo que he hecho.

40Viniendo pues los Samaritanos á él, rogáronle que se quedase allí: y se quedó allí dos días.

41Y creyeron muchos más por la palabra de él.

42Y decían á la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.

43Y dos días después, salió de allí, y fuése á Galilea.

44Porque el mismo Jesús dió testimonio de que el profeta en su tierra no tiene honra.

45Y como vino á Galilea, los Galileos le recibieron, vistas todas las cosas que había hecho en Jerusalem en el día de la fiesta: porque también ellos habían ido á la fiesta.

46Vino pues Jesús otra vez á Caná de Galilea, donde había hecho el vino del agua. Y había en Capernaum uno del rey, cuyo hijo estaba enfermo.

47Este, como oyó que Jesús venía de Judea á Galilea, fué á él, y rogábale que descendiese, y sanase á su hijo, porque se comenzaba á morir.

48Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y milagros no creeréis.

49El del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera.

50Dícele Jesús: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó á la palabra que Jesús le dijo, y se fué.

51Y cuando ya él descendía, los siervos le salieron á recibir, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive.

52Entonces él les preguntó á qué hora comenzó á estar mejor. Y dijéronle: Ayer á las siete le dejó la fiebre.

53El padre entonces entendió, que aquella hora era cuando Jesús le dijo: Tu hijo vive; y creyó él y toda su casa.

54Esta segunda señal volvió Jesús á hacer, cuando vino de Judea á Galilea.

Juan 4

1Cuando el Señor supo que los fariseos estaban informados de que Jesús hacía más discípulos y bautizaba más que Juan —

2aunque Jesús mismo no bautizaba, sino sus discípulos—

3abandonó la Judea y se volvió a Galilea.

4Debía, pues, pasar por Samaria.

5Llegó a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la posesión que dio Jacob a su hijo José.

6Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, pues, fatigado del viaje, se sentó así junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta.

7Vino una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dijo: “Dame de beber”.

8Entretanto, sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar víveres.

9Entonces la samaritana le dijo: “¿Cómo Tú, judío, me pides de beber a mí que soy mujer samaritana?” Porque los judíos no tienen comunicación con los samaritanos.

10Jesús le respondió y dijo: “Si tú conocieras el don de Dios, y quien es el que te dice: «Dame de beber», quizá tú le hubieras pedido a Él, y Él te habría dado agua viva”.

11Ella le dijo: “Señor, Tú no tienes con qué sacar, y el pozo es hondo; ¿de dónde entonces tienes esa agua viva?

12Acaso eres Tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebió él mismo, y sus hijos y sus ganados?”

13Respondiole Jesús: “Todos los que beben de esta agua, tendrán de nuevo sed;

14mas quien beba el agua que Yo le daré, no tendrá sed nunca, sino que el agua que Yo le daré se hará en él fuente de agua surgente para vida eterna”.

15Díjole la mujer: “Señor, dame esa agua, para que no tenga más sed, ni tenga más que venir a sacar agua”.

16Él le dijo: “Ve a buscar a tu marido, y vuelve aquí”.

17Replicole la mujer y dijo: “No tengo marido”. Jesús le dijo: “Bien has dicho: «No tengo marido»;

18porque cinco maridos has tenido, y el hombre que ahora tienes, no es tu marido; has dicho la verdad”.

19Díjole la mujer: “Señor, veo que eres profeta.

20Nuestros padres adoraron sobre este monte; según vosotros, en Jerusalén está el lugar donde se debe adorar”.

21Jesús le respondió: “Mujer, créeme a Mí, porque viene la hora, en que ni sobre este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.

22Vosotros, adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.

23Pero la hora viene, y ya ha llegado, en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre desea que los que adoran sean tales.

24Dios es espíritu, y los que lo adoran, deben adorarlo en espíritu y en verdad”.

25Díjole la mujer: “Yo sé que el Mesías —es decir el Cristo— ha de venir. Cuando Él venga, nos instruirá en todo”.

26Jesús le dijo: “Yo lo soy. Yo que te hablo”.

27En este momento llegaron los discípulos, y quedaron admirados de que hablase con una mujer. Ninguno, sin embargo, le dijo: “¿Qué preguntas?” o “¿Qué hablas con ella?”

28Entonces la mujer, dejando su cántaro, se fue a la ciudad, y dijo a los hombres:

29“Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿no será este el Cristo?”

30Y salieron de la ciudad para ir a encontrarlo.

31Entretanto los discípulos le rogaron: “Rabí, come”.

32Pero Él les dijo: “Yo tengo un manjar para comer, que vosotros no conocéis”.

33Y los discípulos se decían entre ellos: “¿Alguien le habrá traído de comer?”

34Mas Jesús les dijo: “Mi alimento es hacer la voluntad de Aquel que me envió y dar cumplimiento a su obra.

35¿No decís vosotros: Todavía cuatro meses, y viene la siega? Y bien, Yo os digo: Levantad vuestros ojos, y mirad los campos, que ya están blancos para la siega.

36El que siega, recibe su recompensa y recoge la mies para la vida eterna, para que el que siembra se regocije al mismo tiempo que el que siega.

37Pues en esto se verifica el proverbio: «Uno es el que siembra, otro el que siega».

38Yo os he enviado a cosechar lo que vosotros no habéis labrado. Otros labraron, y vosotros habéis entrado en (posesión del fruto de) sus trabajos”.

39Muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por la palabra de la mujer que testificaba diciendo: “Él me ha dicho todo cuanto he hecho”.

40Cuando los samaritanos vinieron a Él, le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días.

41Y muchos más creyeron a causa de su palabra,

42y decían a la mujer: “Ya no creemos a causa de tus palabras; nosotros mismos lo hemos oído, y sabemos que Él es verdaderamente el Salvador del mundo”.

43Pasados aquellos dos días, partió para Galilea.

44Ahora bien, Jesús mismo atestiguó que ningún profeta es honrado en su patria.

45Cuando llegó a Galilea, fue recibido por los galileos, que habían visto todas las grandes cosas hechas por Él en Jerusalén durante la fiesta; porque ellos también habían ido a la fiesta.

46Fue, pues, otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había un cortesano cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm.

47Cuando él oyó que Jesús había vuelto de Judea a Galilea, se fue a encontrarlo, y le rogó que bajase para sanar a su hijo, porque estaba para morir.

48Jesús le dijo: “¡Si no veis signos y prodigios, no creeréis!”.

49Respondiole el cortesano: “Señor, baja antes que muera mi hijo”.

50Jesús le dijo: “Ve, tu hijo vive”. Creyó este hombre a la palabra que le dijo Jesús y se puso en marcha.

51Ya bajaba, cuando encontró a algunos de sus criados que le dijeron que su hijo vivía.

52Preguntoles, entonces, la hora en que se había puesto mejor. Y le respondieron: “Ayer, a la hora séptima, le dejó la fiebre”.

53Y el padre reconoció que esta misma era la hora en que Jesús le había dicho: “Tu hijo vive”. Y creyó él, y toda su casa.

54Este fue el segundo milagro que hizo Jesús vuelto de Judea a Galilea.

Juan 4:1
SpaPlatense

Cuando el Señor supo que los fariseos estaban informados de que Jesús hacía más discípulos y bautizaba más que Juan —

SpaRV

DE manera que como Jesús entendió que los Fariseos habían oído que Jesús hacía y bautizaba más discípulos que Juan,

2
SpaPlatense

aunque Jesús mismo no bautizaba, sino sus discípulos—

SpaRV

(Aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),

3
SpaPlatense

abandonó la Judea y se volvió a Galilea.

SpaRV

Dejó á Judea, y fuése otra vez á Galilea.

4
SpaPlatense

Debía, pues, pasar por Samaria.

SpaRV

Y era menester que pasase por Samaria.

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SpaPlatense

Llegó a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la posesión que dio Jacob a su hijo José.

SpaRV

Vino, pues, á una ciudad de Samaria que se llamaba Sichâr, junto á la heredad que Jacob dió á José su hijo.

6
SpaPlatense

Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, pues, fatigado del viaje, se sentó así junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta.

SpaRV

Y estaba allí la fuente de Jacob. Pues Jesús, cansado del camino, así se sentó á la fuente. Era como la hora de sexta.

7
SpaPlatense

Vino una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dijo: “Dame de beber”.

SpaRV

Vino una mujer de Samaria á sacar agua: y Jesús le dice: Dame de beber.

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SpaPlatense

Entretanto, sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar víveres.

SpaRV

(Porque sus discípulos habían ido á la ciudad á comprar de comer.)

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SpaPlatense

Entonces la samaritana le dijo: “¿Cómo Tú, judío, me pides de beber a mí que soy mujer samaritana?” Porque los judíos no tienen comunicación con los samaritanos.

SpaRV

Y la mujer Samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo Judío, me pides á mí de beber, que soy mujer Samaritana? porque los Judíos no se tratan con los Samaritanos.

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SpaPlatense

Jesús le respondió y dijo: “Si tú conocieras el don de Dios, y quien es el que te dice: «Dame de beber», quizá tú le hubieras pedido a Él, y Él te habría dado agua viva”.

SpaRV

Respondió Jesús y díjole: Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber: tú pedirías de él, y él te daría agua viva.

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SpaPlatense

Ella le dijo: “Señor, Tú no tienes con qué sacar, y el pozo es hondo; ¿de dónde entonces tienes esa agua viva?

SpaRV

La mujer le dice: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo: ¿de dónde, pues, tienes el agua viva?

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SpaPlatense

Acaso eres Tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebió él mismo, y sus hijos y sus ganados?”

SpaRV

¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dió este pozo, del cual él bebió, y sus hijos, y sus ganados?

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SpaPlatense

Respondiole Jesús: “Todos los que beben de esta agua, tendrán de nuevo sed;

SpaRV

Respondió Jesús y díjole: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá á tener sed;

14
SpaPlatense

mas quien beba el agua que Yo le daré, no tendrá sed nunca, sino que el agua que Yo le daré se hará en él fuente de agua surgente para vida eterna”.

SpaRV

Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

15
SpaPlatense

Díjole la mujer: “Señor, dame esa agua, para que no tenga más sed, ni tenga más que venir a sacar agua”.

SpaRV

La mujer le dice: Señor, dame esta agua, para que no tenga sed, ni venga acá á sacarla.

16
SpaPlatense

Él le dijo: “Ve a buscar a tu marido, y vuelve aquí”.

SpaRV

Jesús le dice: Ve, llama á tu marido, y ven acá.

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SpaPlatense

Replicole la mujer y dijo: “No tengo marido”. Jesús le dijo: “Bien has dicho: «No tengo marido»;

SpaRV

Respondió la mujer, y dijo: No tengo marido. Dícele Jesús: Bien has dicho, No tengo marido;

18
SpaPlatense

porque cinco maridos has tenido, y el hombre que ahora tienes, no es tu marido; has dicho la verdad”.

SpaRV

Porque cinco maridos has tenido: y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.

19
SpaPlatense

Díjole la mujer: “Señor, veo que eres profeta.

SpaRV

Dícele la mujer: Señor, paréceme que tú eres profeta.

20
SpaPlatense

Nuestros padres adoraron sobre este monte; según vosotros, en Jerusalén está el lugar donde se debe adorar”.

SpaRV

Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalem es el lugar donde es necesario adorar.

21
SpaPlatense

Jesús le respondió: “Mujer, créeme a Mí, porque viene la hora, en que ni sobre este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.

SpaRV

Dícele Jesús: Mujer, créeme, que la hora viene, cuando ni en este monte, ni en Jerusalem adoraréis al Padre.

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SpaPlatense

Vosotros, adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.

SpaRV

Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos: porque la salud viene de los Judíos.

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SpaPlatense

Pero la hora viene, y ya ha llegado, en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre desea que los que adoran sean tales.

SpaRV

Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.

24
SpaPlatense

Dios es espíritu, y los que lo adoran, deben adorarlo en espíritu y en verdad”.

SpaRV

Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

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SpaPlatense

Díjole la mujer: “Yo sé que el Mesías —es decir el Cristo— ha de venir. Cuando Él venga, nos instruirá en todo”.

SpaRV

Dícele la mujer: Sé que el Mesías ha de venir, el cual se dice el Cristo: cuando él viniere nos declarará todas las cosas.

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SpaPlatense

Jesús le dijo: “Yo lo soy. Yo que te hablo”.

SpaRV

Dícele Jesús: Yo soy, que hablo contigo.

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SpaPlatense

En este momento llegaron los discípulos, y quedaron admirados de que hablase con una mujer. Ninguno, sin embargo, le dijo: “¿Qué preguntas?” o “¿Qué hablas con ella?”

SpaRV

Y en esto vinieron sus discípulos, y maravilláronse de que hablaba con mujer; mas ninguno dijo: ¿Qué preguntas? ó, ¿Qué hablas con ella?

28
SpaPlatense

Entonces la mujer, dejando su cántaro, se fue a la ciudad, y dijo a los hombres:

SpaRV

Entonces la mujer dejó su cántaro, y fué á la ciudad, y dijo á aquellos hombres:

29
SpaPlatense

“Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿no será este el Cristo?”

SpaRV

Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿si quizás es éste el Cristo?

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SpaPlatense

Y salieron de la ciudad para ir a encontrarlo.

SpaRV

Entonces salieron de la ciudad, y vinieron á él.

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SpaPlatense

Entretanto los discípulos le rogaron: “Rabí, come”.

SpaRV

Entre tanto los discípulos le rogaban, diciendo: Rabbí, come.

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SpaPlatense

Pero Él les dijo: “Yo tengo un manjar para comer, que vosotros no conocéis”.

SpaRV

Y él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.

33
SpaPlatense

Y los discípulos se decían entre ellos: “¿Alguien le habrá traído de comer?”

SpaRV

Entonces los discípulos decían el uno al otro: ¿Si le habrá traído alguien de comer?

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SpaPlatense

Mas Jesús les dijo: “Mi alimento es hacer la voluntad de Aquel que me envió y dar cumplimiento a su obra.

SpaRV

Díceles Jesús: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.

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SpaPlatense

¿No decís vosotros: Todavía cuatro meses, y viene la siega? Y bien, Yo os digo: Levantad vuestros ojos, y mirad los campos, que ya están blancos para la siega.

SpaRV

¿No decís vosotros: Aun hay cuatro meses hasta que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos, y mirad las regiones, porque ya están blancas para la siega.

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SpaPlatense

El que siega, recibe su recompensa y recoge la mies para la vida eterna, para que el que siembra se regocije al mismo tiempo que el que siega.

SpaRV

Y el que siega, recibe salario, y allega fruto para vida eterna; para que el que siembra también goce, y el que siega.

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SpaPlatense

Pues en esto se verifica el proverbio: «Uno es el que siembra, otro el que siega».

SpaRV

Porque en esto es el dicho verdadero: Que uno es el que siembra, y otro es el que siega.

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SpaPlatense

Yo os he enviado a cosechar lo que vosotros no habéis labrado. Otros labraron, y vosotros habéis entrado en (posesión del fruto de) sus trabajos”.

SpaRV

Yo os he enviado á segar lo que vosotros no labrasteis: otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.

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SpaPlatense

Muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por la palabra de la mujer que testificaba diciendo: “Él me ha dicho todo cuanto he hecho”.

SpaRV

Y muchos de los Samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio, diciendo: Que me dijo todo lo que he hecho.

40
SpaPlatense

Cuando los samaritanos vinieron a Él, le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días.

SpaRV

Viniendo pues los Samaritanos á él, rogáronle que se quedase allí: y se quedó allí dos días.

41
SpaPlatense

Y muchos más creyeron a causa de su palabra,

SpaRV

Y creyeron muchos más por la palabra de él.

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SpaPlatense

y decían a la mujer: “Ya no creemos a causa de tus palabras; nosotros mismos lo hemos oído, y sabemos que Él es verdaderamente el Salvador del mundo”.

SpaRV

Y decían á la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.

43
SpaPlatense

Pasados aquellos dos días, partió para Galilea.

SpaRV

Y dos días después, salió de allí, y fuése á Galilea.

44
SpaPlatense

Ahora bien, Jesús mismo atestiguó que ningún profeta es honrado en su patria.

SpaRV

Porque el mismo Jesús dió testimonio de que el profeta en su tierra no tiene honra.

45
SpaPlatense

Cuando llegó a Galilea, fue recibido por los galileos, que habían visto todas las grandes cosas hechas por Él en Jerusalén durante la fiesta; porque ellos también habían ido a la fiesta.

SpaRV

Y como vino á Galilea, los Galileos le recibieron, vistas todas las cosas que había hecho en Jerusalem en el día de la fiesta: porque también ellos habían ido á la fiesta.

46
SpaPlatense

Fue, pues, otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había un cortesano cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm.

SpaRV

Vino pues Jesús otra vez á Caná de Galilea, donde había hecho el vino del agua. Y había en Capernaum uno del rey, cuyo hijo estaba enfermo.

47
SpaPlatense

Cuando él oyó que Jesús había vuelto de Judea a Galilea, se fue a encontrarlo, y le rogó que bajase para sanar a su hijo, porque estaba para morir.

SpaRV

Este, como oyó que Jesús venía de Judea á Galilea, fué á él, y rogábale que descendiese, y sanase á su hijo, porque se comenzaba á morir.

48
SpaPlatense

Jesús le dijo: “¡Si no veis signos y prodigios, no creeréis!”.

SpaRV

Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y milagros no creeréis.

49
SpaPlatense

Respondiole el cortesano: “Señor, baja antes que muera mi hijo”.

SpaRV

El del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera.

50
SpaPlatense

Jesús le dijo: “Ve, tu hijo vive”. Creyó este hombre a la palabra que le dijo Jesús y se puso en marcha.

SpaRV

Dícele Jesús: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó á la palabra que Jesús le dijo, y se fué.

51
SpaPlatense

Ya bajaba, cuando encontró a algunos de sus criados que le dijeron que su hijo vivía.

SpaRV

Y cuando ya él descendía, los siervos le salieron á recibir, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive.

52
SpaPlatense

Preguntoles, entonces, la hora en que se había puesto mejor. Y le respondieron: “Ayer, a la hora séptima, le dejó la fiebre”.

SpaRV

Entonces él les preguntó á qué hora comenzó á estar mejor. Y dijéronle: Ayer á las siete le dejó la fiebre.

53
SpaPlatense

Y el padre reconoció que esta misma era la hora en que Jesús le había dicho: “Tu hijo vive”. Y creyó él, y toda su casa.

SpaRV

El padre entonces entendió, que aquella hora era cuando Jesús le dijo: Tu hijo vive; y creyó él y toda su casa.

54
SpaPlatense

Este fue el segundo milagro que hizo Jesús vuelto de Judea a Galilea.

SpaRV

Esta segunda señal volvió Jesús á hacer, cuando vino de Judea á Galilea.

Entendiendo Biblia Platense vs Reina Valera en Juan 4

Biblia Platense (SpaPlatense)

Traducción católica con un estilo claro y orientado a lectores de América Latina. Incluye un tono más contemporáneo sin perder formalidad. Buena para lectura continua y comprensión general.

Reina Valera

La traducción clásica más leída en el mundo protestante de habla hispana. Conserva un estilo reverente y tradicional, ideal para devocionales y memorización. Una excelente opción para lectura diaria y estudio bíblico.

Estás viendo una comparación lado a lado de Juan 4 en la Biblia Platense y la Reina Valera. Comparar estas dos versiones puede ayudar a arrojar luz sobre los matices del texto original.

Comparación Clave: Juan 4:16

SpaPlatense

"Él le dijo: “Ve a buscar a tu marido, y vuelve aquí”."

SpaRV

"Jesús le dice: Ve, llama á tu marido, y ven acá."

trending_upComparaciones Populares

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Génesis 1

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Juan 3

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Salmos 23

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Mateo 5

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Apocalipsis 1

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Proverbios 3

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