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Daniel 13 Comparación: Biblia Platense vs Reina Valera

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Daniel 13

1Había un varón que habitaba en Babilonia, llamado Joaquín;

2el cual se casó con una mujer que se llamaba Susana, hija de Helcías, hermosa en extremo y temerosa de Dios;

3porque sus padres, que eran justos, instruyeron a su hija según la Ley de Moisés.

4Era Joaquín muy rico, y tenía un jardín junto a su casa, al cual concurrían muchos judíos, por ser él el más ilustre de todos.

5Aquel año fueron elegidos jueces del pueblo, dos ancianos de aquellos de quienes dijo el Señor: “Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos jueces, los cuales parecían gobernar al pueblo.”

6Frecuentaban estos la casa de Joaquín, donde acudían a ellos todos cuantos tenían algún pleito.

7Y cuando al mediodía se iba la gente, entraba Susana a pasearse por el jardín de su marido.

8Los viejos la veían cada día cómo entraba a pasearse; y se inflamaron en malos deseos hacia ella,

9de tal manera que pervirtieron su mente y desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de sus justos juicios.

10Quedaron ambos heridos de pasión por ella, pero no se comunicaron el uno al otro su pasión;

11pues se avergonzaban de descubrir su concupiscencia y deseos de pecar con ella;

12aunque buscaban cada día con mayor solicitud el poderla ver.

13Y dijo el uno al otro: “Vámonos a casa, que ya es hora de comer.” Salieron y se separaron el uno del otro.

14Pero volviendo cada cual otra vez, se encontraron en un mismo lugar; y preguntándose mutuamente el motivo, confesaron su pasión, y entonces, de común acuerdo, determinaron el tiempo en que podrían hallarla sola.

15Mientras estaban aguardando una ocasión oportuna, entró ella en el jardín, como solía todos los días; acompañada solamente de dos doncellas, y quiso bañarse en el jardín, pues hacía calor.

16No había en él nadie, sino los dos viejos, que se habían escondido y la estaban acechando.

17Mandó ella a las doncellas: “Traedme el aceite y los perfumes, y cerrad las puertas del jardín; pues quiero bañarme.”

18Hicieron como dijo, y cerraron las puertas del jardín; y salieron por una puerta excusada para traer lo que había pedido, sin saber que los viejos estaban dentro escondidos.

19Apenas se hubieron ido las criadas, se levantaron los dos viejos y corriendo hacia ella le dijeron:

20“Mira, las puertas del jardín están cerradas, nadie nos ve, y nosotros estamos enamorados de ti. Condesciende con nosotros, y cede a nuestros deseos.

21Porque si te resistieres a ello, testificaremos contra ti, diciendo que estaba contigo un joven, y que por eso despachaste a las doncellas.”

22Entonces Susana prorrumpió en gemidos y dijo: “Estrechada me hallo por todos lados; porque si hago eso que queréis, muerte es para mí; y si no lo hago, no me libraré de vuestras manos.

23Pero mejor es para mí caer en vuestras manos, sin haber hecho tal cosa, que pecar en la presencia del Señor.”

24Y dio Susana un fuerte grito; pero gritaron también los viejos contra ella.

25Y uno de ellos corrió a las puertas del jardín y las abrió.

26Cuando los criados de la casa oyeron el grito en el jardín, corrieron allá por la puerta excusada para ver lo que era.

27Mas después que los viejos hubieron hablado, quedaron los criados sumamente avergonzados; porque nunca tal cosa se había dicho de Susana.

28Al día siguiente concurrió el pueblo a la casa de Joaquín, su marido, y vinieron también los dos viejos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, para condenarla a muerte.

29Dijeron en presencia del pueblo: “Envíese a llamar a Susana, hija de Helcías, mujer de Joaquín.” Y enviaron por ella.

30La cual vino con sus padres e hijos y todos sus parientes.

31Era Susana sumamente delicada y de extraordinaria belleza.

32Entonces aquellos malvados la mandaron quitarse el velo —pues estaba ella con su velo puesto— para saciarse por lo menos de su hermosura.

33Entretanto lloraban los suyos y cuantos la conocían.

34Luego se levantaron los dos viejos en medio del pueblo y pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana.

35Ella, empero, llorando alzó sus ojos al cielo; porque su corazón estaba lleno de confianza en el Señor.

36Y dijeron los viejos: “Estándonos paseando solos en el jardín, entró esta con dos criadas; y cerró las puertas del jardín, enviando fuera a las criadas.

37Entonces se le acercó un joven que estaba escondido, y pecó con ella.

38Nosotros que estábamos en un lado del jardín, viendo la maldad fuimos corriendo adonde estaban, y los hallamos en el mismo acto.

39Mas al joven no pudimos prenderlo, porque era más fuerte que nosotros, y abriendo la puerta se escapó corriendo,

40pero habiendo apresado a esta, la preguntamos quién era el joven, y no nos lo quiso manifestar. De esto somos testigos.”

41La asamblea les dio crédito, como a ancianos que eran y jueces del pueblo, y la condenaron a muerte.

42Entonces Susana clamó en alta voz, y dijo: “Oh Dios eterno, que conoces las cosas ocultas, que sabes todas las cosas aun antes que sucedan,

43Tú sabes que estos han levantado contra mí testimonio falso; y he aquí que yo muero sin haber hecho nada de lo que estos han inventado maliciosamente contra mí.”

44Y oyó el Señor su oración.

45Pues cuando la conducían al suplicio, el Señor suscitó el santo espíritu de un tierno jovencito por nombre Daniel;

46el cual, a grandes voces, comenzó a gritar: “Inocente soy yo de la sangre de esta.”

47Y volviéndose hacia él toda la gente, le dijeron: “¿Qué es lo que dices?”

48Mas él, estando de pie en medio de ellos, dijo: “¿Tan insensatos sois, oh hijos de Israel, que sin examinar y sin conocer la verdad, habéis condenado a una hija de Israel?

49Volved al tribunal, porque estos han dicho falso testimonio contra ella.”

50Volvió el pueblo, a toda prisa; y los ancianos le dijeron (a Daniel): “Ven, y siéntate en medio de nosotros e instrúyenos; ya que te ha concedido Dios la honra de ancianía”

51Y dijo Daniel al pueblo: “Separad a estos lejos el uno del otro, y yo los examinaré.”

52Cuando estuvieron separados el uno del otro, llamó a uno de ellos y le dijo: “Envejecido en la maldad, ahora caerán sobre ti los pecados que has cometido antes,

53cuando pronunciabas injustas sentencias, oprimías a los inocentes y librabas a los malvados, a pesar de que el Señor tiene dicho:

54«No harás morir al inocente y justo.» Ahora bien, si la viste, di: ¿Bajo qué árbol los viste confabular entre sí?” Respondió él: “Debajo de un lentisco.”

55A lo cual replicó Daniel: “Ciertamente que contra tu cabeza has mentido; pues he aquí que el ángel del Señor, por sentencia que ha recibido de Él, te partirá por medio.”

56Y habiendo hecho retirar a este, hizo venir al otro, y le dijo: “Raza de Canaán, y no de Judá, la hermosura te fascinó, y la pasión pervirtió tu corazón.

57Así os portabais con las hijas de Israel, las cuales por miedo condescendían con vosotros; pero esta hija de Judá no sufrió vuestra maldad.

58Ahora bien, dime: ¿Bajo qué árbol los sorprendiste tratando entre sí?” Él respondió: “Debajo de una encina.”

59A lo que repuso Daniel: “Ciertamente que también tú mientes contra tu cabeza; pues el ángel del Señor está esperando con la espada en la mano para partirte por medio y así exterminaros.”

60Entonces toda la asamblea exclamó en alta voz, bendiciendo a Dios que salva a los que ponen en Él su esperanza.

61Y se levantaron contra los dos viejos, a los cuales Daniel había convencido por su propia boca de haber proferido un falso testimonio, y les hicieron el mal que ellos habían intentado contra su prójimo;

62y cumpliendo la Ley de Moisés los mataron, con lo que fue salvada en aquel día la sangre inocente.

63Entonces Helcías y su esposa alabaron a Dios por su hija Susana; y lo mismo hizo Joaquín, su marido, con todos los parientes; porque nada se halló en ella de deshonesto.

64Mas Daniel desde aquel día en adelante se hizo famoso ante todo el pueblo.

65El rey Astiages fue a reunirse con sus padres, y le sucedió en el trono Ciro, rey de Persia.

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Daniel 13

1Había un varón que habitaba en Babilonia, llamado Joaquín;

2el cual se casó con una mujer que se llamaba Susana, hija de Helcías, hermosa en extremo y temerosa de Dios;

3porque sus padres, que eran justos, instruyeron a su hija según la Ley de Moisés.

4Era Joaquín muy rico, y tenía un jardín junto a su casa, al cual concurrían muchos judíos, por ser él el más ilustre de todos.

5Aquel año fueron elegidos jueces del pueblo, dos ancianos de aquellos de quienes dijo el Señor: “Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos jueces, los cuales parecían gobernar al pueblo.”

6Frecuentaban estos la casa de Joaquín, donde acudían a ellos todos cuantos tenían algún pleito.

7Y cuando al mediodía se iba la gente, entraba Susana a pasearse por el jardín de su marido.

8Los viejos la veían cada día cómo entraba a pasearse; y se inflamaron en malos deseos hacia ella,

9de tal manera que pervirtieron su mente y desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de sus justos juicios.

10Quedaron ambos heridos de pasión por ella, pero no se comunicaron el uno al otro su pasión;

11pues se avergonzaban de descubrir su concupiscencia y deseos de pecar con ella;

12aunque buscaban cada día con mayor solicitud el poderla ver.

13Y dijo el uno al otro: “Vámonos a casa, que ya es hora de comer.” Salieron y se separaron el uno del otro.

14Pero volviendo cada cual otra vez, se encontraron en un mismo lugar; y preguntándose mutuamente el motivo, confesaron su pasión, y entonces, de común acuerdo, determinaron el tiempo en que podrían hallarla sola.

15Mientras estaban aguardando una ocasión oportuna, entró ella en el jardín, como solía todos los días; acompañada solamente de dos doncellas, y quiso bañarse en el jardín, pues hacía calor.

16No había en él nadie, sino los dos viejos, que se habían escondido y la estaban acechando.

17Mandó ella a las doncellas: “Traedme el aceite y los perfumes, y cerrad las puertas del jardín; pues quiero bañarme.”

18Hicieron como dijo, y cerraron las puertas del jardín; y salieron por una puerta excusada para traer lo que había pedido, sin saber que los viejos estaban dentro escondidos.

19Apenas se hubieron ido las criadas, se levantaron los dos viejos y corriendo hacia ella le dijeron:

20“Mira, las puertas del jardín están cerradas, nadie nos ve, y nosotros estamos enamorados de ti. Condesciende con nosotros, y cede a nuestros deseos.

21Porque si te resistieres a ello, testificaremos contra ti, diciendo que estaba contigo un joven, y que por eso despachaste a las doncellas.”

22Entonces Susana prorrumpió en gemidos y dijo: “Estrechada me hallo por todos lados; porque si hago eso que queréis, muerte es para mí; y si no lo hago, no me libraré de vuestras manos.

23Pero mejor es para mí caer en vuestras manos, sin haber hecho tal cosa, que pecar en la presencia del Señor.”

24Y dio Susana un fuerte grito; pero gritaron también los viejos contra ella.

25Y uno de ellos corrió a las puertas del jardín y las abrió.

26Cuando los criados de la casa oyeron el grito en el jardín, corrieron allá por la puerta excusada para ver lo que era.

27Mas después que los viejos hubieron hablado, quedaron los criados sumamente avergonzados; porque nunca tal cosa se había dicho de Susana.

28Al día siguiente concurrió el pueblo a la casa de Joaquín, su marido, y vinieron también los dos viejos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, para condenarla a muerte.

29Dijeron en presencia del pueblo: “Envíese a llamar a Susana, hija de Helcías, mujer de Joaquín.” Y enviaron por ella.

30La cual vino con sus padres e hijos y todos sus parientes.

31Era Susana sumamente delicada y de extraordinaria belleza.

32Entonces aquellos malvados la mandaron quitarse el velo —pues estaba ella con su velo puesto— para saciarse por lo menos de su hermosura.

33Entretanto lloraban los suyos y cuantos la conocían.

34Luego se levantaron los dos viejos en medio del pueblo y pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana.

35Ella, empero, llorando alzó sus ojos al cielo; porque su corazón estaba lleno de confianza en el Señor.

36Y dijeron los viejos: “Estándonos paseando solos en el jardín, entró esta con dos criadas; y cerró las puertas del jardín, enviando fuera a las criadas.

37Entonces se le acercó un joven que estaba escondido, y pecó con ella.

38Nosotros que estábamos en un lado del jardín, viendo la maldad fuimos corriendo adonde estaban, y los hallamos en el mismo acto.

39Mas al joven no pudimos prenderlo, porque era más fuerte que nosotros, y abriendo la puerta se escapó corriendo,

40pero habiendo apresado a esta, la preguntamos quién era el joven, y no nos lo quiso manifestar. De esto somos testigos.”

41La asamblea les dio crédito, como a ancianos que eran y jueces del pueblo, y la condenaron a muerte.

42Entonces Susana clamó en alta voz, y dijo: “Oh Dios eterno, que conoces las cosas ocultas, que sabes todas las cosas aun antes que sucedan,

43Tú sabes que estos han levantado contra mí testimonio falso; y he aquí que yo muero sin haber hecho nada de lo que estos han inventado maliciosamente contra mí.”

44Y oyó el Señor su oración.

45Pues cuando la conducían al suplicio, el Señor suscitó el santo espíritu de un tierno jovencito por nombre Daniel;

46el cual, a grandes voces, comenzó a gritar: “Inocente soy yo de la sangre de esta.”

47Y volviéndose hacia él toda la gente, le dijeron: “¿Qué es lo que dices?”

48Mas él, estando de pie en medio de ellos, dijo: “¿Tan insensatos sois, oh hijos de Israel, que sin examinar y sin conocer la verdad, habéis condenado a una hija de Israel?

49Volved al tribunal, porque estos han dicho falso testimonio contra ella.”

50Volvió el pueblo, a toda prisa; y los ancianos le dijeron (a Daniel): “Ven, y siéntate en medio de nosotros e instrúyenos; ya que te ha concedido Dios la honra de ancianía”

51Y dijo Daniel al pueblo: “Separad a estos lejos el uno del otro, y yo los examinaré.”

52Cuando estuvieron separados el uno del otro, llamó a uno de ellos y le dijo: “Envejecido en la maldad, ahora caerán sobre ti los pecados que has cometido antes,

53cuando pronunciabas injustas sentencias, oprimías a los inocentes y librabas a los malvados, a pesar de que el Señor tiene dicho:

54«No harás morir al inocente y justo.» Ahora bien, si la viste, di: ¿Bajo qué árbol los viste confabular entre sí?” Respondió él: “Debajo de un lentisco.”

55A lo cual replicó Daniel: “Ciertamente que contra tu cabeza has mentido; pues he aquí que el ángel del Señor, por sentencia que ha recibido de Él, te partirá por medio.”

56Y habiendo hecho retirar a este, hizo venir al otro, y le dijo: “Raza de Canaán, y no de Judá, la hermosura te fascinó, y la pasión pervirtió tu corazón.

57Así os portabais con las hijas de Israel, las cuales por miedo condescendían con vosotros; pero esta hija de Judá no sufrió vuestra maldad.

58Ahora bien, dime: ¿Bajo qué árbol los sorprendiste tratando entre sí?” Él respondió: “Debajo de una encina.”

59A lo que repuso Daniel: “Ciertamente que también tú mientes contra tu cabeza; pues el ángel del Señor está esperando con la espada en la mano para partirte por medio y así exterminaros.”

60Entonces toda la asamblea exclamó en alta voz, bendiciendo a Dios que salva a los que ponen en Él su esperanza.

61Y se levantaron contra los dos viejos, a los cuales Daniel había convencido por su propia boca de haber proferido un falso testimonio, y les hicieron el mal que ellos habían intentado contra su prójimo;

62y cumpliendo la Ley de Moisés los mataron, con lo que fue salvada en aquel día la sangre inocente.

63Entonces Helcías y su esposa alabaron a Dios por su hija Susana; y lo mismo hizo Joaquín, su marido, con todos los parientes; porque nada se halló en ella de deshonesto.

64Mas Daniel desde aquel día en adelante se hizo famoso ante todo el pueblo.

65El rey Astiages fue a reunirse con sus padres, y le sucedió en el trono Ciro, rey de Persia.

Daniel 13:1
SpaPlatense

Había un varón que habitaba en Babilonia, llamado Joaquín;

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el cual se casó con una mujer que se llamaba Susana, hija de Helcías, hermosa en extremo y temerosa de Dios;

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porque sus padres, que eran justos, instruyeron a su hija según la Ley de Moisés.

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Era Joaquín muy rico, y tenía un jardín junto a su casa, al cual concurrían muchos judíos, por ser él el más ilustre de todos.

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Aquel año fueron elegidos jueces del pueblo, dos ancianos de aquellos de quienes dijo el Señor: “Salió la iniquidad de Babilonia, de los ancianos jueces, los cuales parecían gobernar al pueblo.”

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Frecuentaban estos la casa de Joaquín, donde acudían a ellos todos cuantos tenían algún pleito.

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Y cuando al mediodía se iba la gente, entraba Susana a pasearse por el jardín de su marido.

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Los viejos la veían cada día cómo entraba a pasearse; y se inflamaron en malos deseos hacia ella,

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de tal manera que pervirtieron su mente y desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de sus justos juicios.

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Quedaron ambos heridos de pasión por ella, pero no se comunicaron el uno al otro su pasión;

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pues se avergonzaban de descubrir su concupiscencia y deseos de pecar con ella;

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aunque buscaban cada día con mayor solicitud el poderla ver.

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Y dijo el uno al otro: “Vámonos a casa, que ya es hora de comer.” Salieron y se separaron el uno del otro.

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Pero volviendo cada cual otra vez, se encontraron en un mismo lugar; y preguntándose mutuamente el motivo, confesaron su pasión, y entonces, de común acuerdo, determinaron el tiempo en que podrían hallarla sola.

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Mientras estaban aguardando una ocasión oportuna, entró ella en el jardín, como solía todos los días; acompañada solamente de dos doncellas, y quiso bañarse en el jardín, pues hacía calor.

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No había en él nadie, sino los dos viejos, que se habían escondido y la estaban acechando.

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Mandó ella a las doncellas: “Traedme el aceite y los perfumes, y cerrad las puertas del jardín; pues quiero bañarme.”

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Hicieron como dijo, y cerraron las puertas del jardín; y salieron por una puerta excusada para traer lo que había pedido, sin saber que los viejos estaban dentro escondidos.

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Apenas se hubieron ido las criadas, se levantaron los dos viejos y corriendo hacia ella le dijeron:

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“Mira, las puertas del jardín están cerradas, nadie nos ve, y nosotros estamos enamorados de ti. Condesciende con nosotros, y cede a nuestros deseos.

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Porque si te resistieres a ello, testificaremos contra ti, diciendo que estaba contigo un joven, y que por eso despachaste a las doncellas.”

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Entonces Susana prorrumpió en gemidos y dijo: “Estrechada me hallo por todos lados; porque si hago eso que queréis, muerte es para mí; y si no lo hago, no me libraré de vuestras manos.

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Pero mejor es para mí caer en vuestras manos, sin haber hecho tal cosa, que pecar en la presencia del Señor.”

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Y dio Susana un fuerte grito; pero gritaron también los viejos contra ella.

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Y uno de ellos corrió a las puertas del jardín y las abrió.

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Cuando los criados de la casa oyeron el grito en el jardín, corrieron allá por la puerta excusada para ver lo que era.

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Mas después que los viejos hubieron hablado, quedaron los criados sumamente avergonzados; porque nunca tal cosa se había dicho de Susana.

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Al día siguiente concurrió el pueblo a la casa de Joaquín, su marido, y vinieron también los dos viejos, llenos de perversos pensamientos contra Susana, para condenarla a muerte.

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Dijeron en presencia del pueblo: “Envíese a llamar a Susana, hija de Helcías, mujer de Joaquín.” Y enviaron por ella.

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La cual vino con sus padres e hijos y todos sus parientes.

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Era Susana sumamente delicada y de extraordinaria belleza.

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Entonces aquellos malvados la mandaron quitarse el velo —pues estaba ella con su velo puesto— para saciarse por lo menos de su hermosura.

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Entretanto lloraban los suyos y cuantos la conocían.

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Luego se levantaron los dos viejos en medio del pueblo y pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana.

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Ella, empero, llorando alzó sus ojos al cielo; porque su corazón estaba lleno de confianza en el Señor.

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Y dijeron los viejos: “Estándonos paseando solos en el jardín, entró esta con dos criadas; y cerró las puertas del jardín, enviando fuera a las criadas.

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Entonces se le acercó un joven que estaba escondido, y pecó con ella.

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Nosotros que estábamos en un lado del jardín, viendo la maldad fuimos corriendo adonde estaban, y los hallamos en el mismo acto.

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Mas al joven no pudimos prenderlo, porque era más fuerte que nosotros, y abriendo la puerta se escapó corriendo,

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pero habiendo apresado a esta, la preguntamos quién era el joven, y no nos lo quiso manifestar. De esto somos testigos.”

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La asamblea les dio crédito, como a ancianos que eran y jueces del pueblo, y la condenaron a muerte.

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Entonces Susana clamó en alta voz, y dijo: “Oh Dios eterno, que conoces las cosas ocultas, que sabes todas las cosas aun antes que sucedan,

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Tú sabes que estos han levantado contra mí testimonio falso; y he aquí que yo muero sin haber hecho nada de lo que estos han inventado maliciosamente contra mí.”

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Y oyó el Señor su oración.

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Pues cuando la conducían al suplicio, el Señor suscitó el santo espíritu de un tierno jovencito por nombre Daniel;

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el cual, a grandes voces, comenzó a gritar: “Inocente soy yo de la sangre de esta.”

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Y volviéndose hacia él toda la gente, le dijeron: “¿Qué es lo que dices?”

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Mas él, estando de pie en medio de ellos, dijo: “¿Tan insensatos sois, oh hijos de Israel, que sin examinar y sin conocer la verdad, habéis condenado a una hija de Israel?

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Volved al tribunal, porque estos han dicho falso testimonio contra ella.”

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Volvió el pueblo, a toda prisa; y los ancianos le dijeron (a Daniel): “Ven, y siéntate en medio de nosotros e instrúyenos; ya que te ha concedido Dios la honra de ancianía”

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Y dijo Daniel al pueblo: “Separad a estos lejos el uno del otro, y yo los examinaré.”

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Cuando estuvieron separados el uno del otro, llamó a uno de ellos y le dijo: “Envejecido en la maldad, ahora caerán sobre ti los pecados que has cometido antes,

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cuando pronunciabas injustas sentencias, oprimías a los inocentes y librabas a los malvados, a pesar de que el Señor tiene dicho:

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«No harás morir al inocente y justo.» Ahora bien, si la viste, di: ¿Bajo qué árbol los viste confabular entre sí?” Respondió él: “Debajo de un lentisco.”

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A lo cual replicó Daniel: “Ciertamente que contra tu cabeza has mentido; pues he aquí que el ángel del Señor, por sentencia que ha recibido de Él, te partirá por medio.”

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Y habiendo hecho retirar a este, hizo venir al otro, y le dijo: “Raza de Canaán, y no de Judá, la hermosura te fascinó, y la pasión pervirtió tu corazón.

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Así os portabais con las hijas de Israel, las cuales por miedo condescendían con vosotros; pero esta hija de Judá no sufrió vuestra maldad.

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Ahora bien, dime: ¿Bajo qué árbol los sorprendiste tratando entre sí?” Él respondió: “Debajo de una encina.”

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A lo que repuso Daniel: “Ciertamente que también tú mientes contra tu cabeza; pues el ángel del Señor está esperando con la espada en la mano para partirte por medio y así exterminaros.”

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Entonces toda la asamblea exclamó en alta voz, bendiciendo a Dios que salva a los que ponen en Él su esperanza.

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Y se levantaron contra los dos viejos, a los cuales Daniel había convencido por su propia boca de haber proferido un falso testimonio, y les hicieron el mal que ellos habían intentado contra su prójimo;

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y cumpliendo la Ley de Moisés los mataron, con lo que fue salvada en aquel día la sangre inocente.

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Entonces Helcías y su esposa alabaron a Dios por su hija Susana; y lo mismo hizo Joaquín, su marido, con todos los parientes; porque nada se halló en ella de deshonesto.

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Mas Daniel desde aquel día en adelante se hizo famoso ante todo el pueblo.

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El rey Astiages fue a reunirse con sus padres, y le sucedió en el trono Ciro, rey de Persia.

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Entendiendo Biblia Platense vs Reina Valera en Daniel 13

Biblia Platense (SpaPlatense)

Traducción católica con un estilo claro y orientado a lectores de América Latina. Incluye un tono más contemporáneo sin perder formalidad. Buena para lectura continua y comprensión general.

Reina Valera

La traducción clásica más leída en el mundo protestante de habla hispana. Conserva un estilo reverente y tradicional, ideal para devocionales y memorización. Una excelente opción para lectura diaria y estudio bíblico.

Estás viendo una comparación lado a lado de Daniel 13 en la Biblia Platense y la Reina Valera. Comparar estas dos versiones puede ayudar a arrojar luz sobre los matices del texto original.

Comparación Clave: Daniel 13:16

SpaPlatense

"No había en él nadie, sino los dos viejos, que se habían escondido y la estaban acechando."

SpaRV

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