¿Qué significa Génesis 2:5?
Comentario versículo por versículo y análisis teológico
Comentario de Génesis 2:5
Jehová Dios forma al hombre (hebreo: Adán) del polvo de la tierra (hebreo: adamah) y sopla en su nariz aliento de vida. El juego de palabras entre adam y adamah es significativo: el hombre recibe su nombre de la tierra de la que procede. En su origen material, él es tierra, la misma sustancia de la que crece la vegetación, el mismo suelo que llevará la maldición de 3:17. "Polvo eres, y al polvo volverás" (3:19) no es un insulto, sino una señal de origen.
La formación del polvo usa la imagen del alfarero (yatsar). Ninguna otra creación en Génesis se describe con este lenguaje de trabajo directo. Los animales fueron llamados a existir por mandato; el hombre es trabajado, moldeado, tocado. Luego Dios sopla en su nariz, el acto creativo más íntimo del relato. La vida del hombre no se genera desde dentro del polvo; se da desde fuera, desde el Creador mismo. El principio animador de la existencia humana es el aliento divino.
El resultado se describe como "un ser viviente" (hebreo: nefesh chayah), la misma frase usada para los animales creados en los días quinto y sexto. El hombre es un ser viviente en el mismo sentido biológico que los otros seres vivientes; lo que lo distingue no es la clase de vida que posee, sino el origen de esa vida (el aliento divino) y la imagen que porta (1:27). La criatura compartida no borra la diferencia; proporciona su fundamento honesto.
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Pasando del amplio panorpero de la creación, Génesis 2 nos ofrece una mirada más cercana a la relación de Dios con las personas. El escenario es un lugar especí...
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