romanos 3: Análisis del Capítulo y Guía de Estudio
Comentario versículo por versículo y análisis teológico
El Veredicto Universal
El tercer capítulo de Romanos registra el veredicto más demoledor de toda la Escritura seguido por la solución más gloriosa. El escenario es el tribunal universal donde Pablo ha llamado como acusados tanto a los gentiles como a los judíos. Todo comienza con una serie de preguntas retóricas sobre la ventaja del judío: si la circuncisión y la Ley no salvan, ¿qué provecho tiene ser judío? Pablo responde que mucho, en todos los sentidos, principalmente porque les fueron confiados los oráculos de Dios. Se establece la fidelidad divina ante la infidelidad humana: aunque el pueblo fue infiel, la fidelidad de Dios no queda anulada, porque sea Dios veraz y todo hombre mentiroso.
La narración sigue la cadena de citas del Antiguo Testamento que Pablo enlaza como una guillotina textual: no hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios; todos se desviaron. El veneno de áspides hay debajo de sus labios; sus pies se apresuran para derramar sangre; no hay temor de Dios delante de sus ojos. La Ley pronuncia su veredicto: toda boca queda cerrada y todo el mundo queda bajo juicio. La historia gira en la conjunción más importante de la teología cristiana: mas ahora, aparte de la Ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la Ley y los Profetas. Esta justicia viene por medio de la fe en Jesucristo para todos los que creen, porque todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por Su gracia mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en Su sangre.
El significado teológico se encuentra en la teología de la justificación por la fe. Se revela que la justicia de Dios no es una exigencia imposible sino un regalo recibido por fe: el pecador no tiene que fabricar su propia justicia porque Dios le ofrece la Suya en Cristo. Este capítulo es fundamental para comprender la propiciación: la cruz no fue un accidente trágico sino el acto deliberado de un Dios justo que satisfizo Su propia ira contra el pecado al cargarla sobre Su Hijo, demostrando así que es justo y justificador del que cree. Destaca la exclusión de la jactancia: la verdad de que si la salvación es por gracia mediante la fe, nadie puede gloriarse en sus obras porque la aportación humana ha sido reducida a cero. El Padre se muestra como un Dios que declara justo al injusto, asegurando que esta declaración no viola Su justicia sino que la exhibe en toda su plenitud.
Jesucristo es la propiciación, el lugar donde la ira de Dios y la misericordia de Dios se encuentran en un solo acto redentor. Es Aquel cuya sangre demostró la justicia divina que había pasado por alto los pecados cometidos antes de la cruz. Mientras Pablo asienta el fundamento de la justificación, se prepara para ilustrarlo con la historia del hombre que creyó a Dios antes de que existiera la Ley: Abraham.





